03 de Enero

Augustinian Saints

"You have made us for yourself, O Lord, and our hearts are restless until they rest in you" St. Augustine. Confessions, Book I, Chapter 1.

Documents of the Order

Augustinian Anthropology

"You have made us for yourself, O Lord, and our hearts are restless until they rest in you" St. Augustine. Confessions, Book I, Chapter 1.

Augustinian Anthropology

La doctrina sobre la imago Dei, en el pensamiento de San Agustín, es determinante para entender su desarrollo intelectual y personal, así como para comprender el despliegue antropológico y teológico posterior. Esta doctrina atraviesa todo su pensamiento, pero tiene su mayor despliegue en el tratado del De Trinitate. La meditación de Agustín sobre el ser humano se guía por la comprensión que el cristianismo ha tenido del hombre como imago Dei a partir de las palabras del Hacedor en el relato de la creación: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1, 26). El santo emprende la tarea de aclarar la doctrina de la imago Dei, puesto que hay grandes abismos en la comprensión católica del hombre como imagen de la Trinidad. El hiponense anhela restituir la imagen de Dios en el hombre como meta de su doctrina de la imago. Lo que ahora emprenderemos es una reflexión sobre dicha doctrina, mostrando cómo es posible desarrollar una concepción antropológica completa a partir de esta meditación agustiniana. Como consecuencias antropológicas de esta doctrina se exponen la inadecuatio del hombre consigo mismo y la ipseidad propia de la imago Dei.

Augustinian Apostolate

"You have made us for yourself, O Lord, and our hearts are restless until they rest in you" St. Augustine. Confessions, Book I, Chapter 1.

Augustinian Apostolate

Con todo lo importante que sea el trabajo pastoral asumido por amor de Dios y del prójimo, no puede llevarse a cabo sin una vida de contemplación, oración y estudio. Un buen pastor de almas debe prestar oído atento a la palabra de Dios antes de anunciarla. Escuchar la palabra divina constituye un aspecto de la contemplación. Sobre las cumbres del monte, como el apóstol Pedro, el trabajador pastoral recibirá la luz y el alimento espiritual para distribuirlo a los demás. La elegante y hermosa Raquel es para Agustín imagen de la vida contemplativa y Lía, de ojos apagados pero fecunda, imagen del diligente predicador. Lo mismo puede decirse de María y Marta, pero Agustín rehúsa interpretar las palabras de Jesús a Marta "Maria, Maria, te preocupas y te agita.s por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola, María ha elegido la mejor parte" como un reproche: "gómo podría Jesús dirigir un reproche a Marta, contenta por recibir a tan excelente huésped? Si eso fuera un reproche, no habría nadie para cuidar de los necesitados. Todos escogerían la mejor parte para decir: empleemos todo nuestro tiempo en escuchar la palabra de Dios. Pero si esto ocurriera, no habría nadie para atender al forastero en la ciudad, al necesitado de alimento o vestido, nadie para visitar los enfermos, nadie para liberar a los cautivos, nadie para enterrar a los muertos. Las obras de misericordia practicadas en favor de los necesitados son imprescindibles aquí en la tierra"

Friendship-Fraternity

"You have made us for yourself, O Lord, and our hearts are restless until they rest in you" St. Augustine. Confessions, Book I, Chapter 1.

Amistad - Fraternidad

En Agustín amistad y comunidad son dos ámbitos íntimamente relacionados. Ambos expresan el valor de las relaciones interpersonales e individuan en el “prójimo” un lugar de encuentro con Dios. Los dos exigen un movimiento de alejarse del yo y honrar al otro. Es evidente la función que la amistad reviste en cada fase de la vida de Agustín y que tantas veces ha expresado con elocuencia la alta consideración y la gran atracción que este tema ejercía sobre él. “En toda condición, lugar, tiempo, o tengan amigos o búsquenlos” (De Ordine II,8,25). De hecho, lo que la amistad implica es, para Agustín, un valor necesario, e igualmente, también al interno de la comunidad: entendimiento y armonía, benevolencia y amor recíproco. Cara es, finalmente, la amistad de los hombres por la unión que hace de muchas almas con el dulce nudo del amor. (Conf. II, 5, 10).

On the Conversions of St. Augustine

"You have made us for yourself, O Lord, and our hearts are restless until they rest in you" St. Augustine. Confessions, Book I, Chapter 1.

On the Conversions of St. Augustine

Muchas personas influyeron en la conversión de Agustín ; especial mención merece San Ambrosio, obispo de Milán. Su influencia no estuvo tanto en un contacto personal, cuanto en su predicación , que lo llevó a descubrir cuán diferente era la fe cristiana de lo imaginado por él. Ambrosio con sus sermones le enseñó a interpretar los textos bíblicos, y a meterle algunas ideas totalmente nuevas: "Me di cuenta, con frecuencia, al oír predicar a nuestro obispo… que cuando pensamos en Dios o el alma, que es lo más cercano a Dios en el mundo, nuestros pensamientos no captan nada material". La lectura de los libros de los filósofos platónicos le dio una penetración más profunda en le mundo del espíritu, y esos escritos le dieron la respuesta al cadente problema del mal. Algunos amigos le refirieron relatos ejemplares de personas importantes convertidas a la fe cristiana.

Augustinian Interiority

"You have made us for yourself, O Lord, and our hearts are restless until they rest in you" St. Augustine. Confessions, Book I, Chapter 1.

Augustinian Interiority

Interioridad - Volver al corazón "Se desplaza la gente para admirar las cimas de las montañas, las gigantescas olas del mar, las anchuras corrientes de los ríos, el perímetro del océano y las órbitas de los astros, mientras se olvidan de sí mismos" ( Confesiones 10,8,15)

Love in St. Augustine

"You have made us for yourself, O Lord, and our hearts are restless until they rest in you" St. Augustine. Confessions, Book I, Chapter 1.

Love in St. Augustine

Los escritos de Agustín comienzan planteando la cuestión de cómo el ser humano puede encontrar la felicidad verdadera. Porque no hay ser humano ajeno al deseo de ser feliz. El deseo dice relación con el amoç pues nadie desea lo que no ama. El amor consiste en el deseo de identificarse con el objeto amado. Mas no todo tipo de deseo y amor es capaz de hacer feliz a una persona. Sólo un eterno e imperecedero bien nos puede hacer de verdad felices, pues únicamente tal bien excluye todo temor de perder el objeto amado. Dios solo puede garantizar una felicidad así. El amor nos une con Dios, nuestro eterno, imperecedero bien, y de esta manera nos hace partícipes de la eternidad de Dios. Esto sucede de acuerdo con el principio de que el ser humano viene a convertirse en lo que ama: ama la tierra, es tierra; ama a Dios eterno, y compartirá la eternidad de Dios.

Africa in Augustine’s Time

"You have made us for yourself, O Lord, and our hearts are restless until they rest in you" St. Augustine. Confessions, Book I, Chapter 1.

África en la época de Agustín: Hamman Adalbert

La vida cotidiana en África del Norte, al declinar el Imperio romano, nos concierne a todos: para los hombres del viejo Continente, ella describe las últimas páginas de la epopeya romana ultramarina; para los cristianos, descubre la vitalidad explosiva de una comunidad; los exegetas de San Agustín encuentran también el contexto diario de la vida del obispo de Hipona. Para encontrar la fuente de esta vida cotidiana, nos es necesario releer los monumentos de la historia pasada, interrogar a las ruinas, exhumadas piadosamente, que relatan con precisión y complacencia las vidas y los logros humanos; pero también contemplar el cielo, las montañas, el mar, los paisajes, que son los mismos que, vio Agustín: ellos se reflejan en sus escritos, estimularon su sensibilidad y formaron su alma. Meditaba, una mañana de primavera, en la Basílica de Hipona, y me pareció escuchar la voz de su obispo, sentir vibrar su corazón, semejante al mar tan cercano, "figura del mundo, con sus aguas saladas, amargas, tumultuosas, balanceadas por las tempestades..." ¿Cómo entender el alma del pueblo africano, marcado por influencias sucesivas y, a veces, contradictorias, y siempre combativo por la conservación de su identidad? ¿Por qué el Evangelio ha ejercido tan extraña seducción sobre ese pueblo? El obispo de Hipona nos ha servido de faro en esta investigación. El Pastor nos ha permitido descubrir a su comunidad y encontrar en su predicación dirigida a los más sencillos, la espontaneidad e inconstancia, la exuberancia y pesadez de esa gente. Nuestro propósito no ha sido el de escribir una nueva biografía del obispo de Hipona. Existen excelentes, como la de Peter Brown. Nosotros nos limitaremos a interrogar al obispo sobre la vida cotidiana y no sobre las controversias o sobre el misterio de la Gracia. Agustín es una montaña de difícil acceso. Nosotros la contemplaremos desde la superficie, a partir de las humildes cosas de la vida que Agustín observó y compartió diariamente, durante treinta y cinco años, para "comulgar y participar humanamente" con la multitud. Para escribir la vida cotidiana de los primeros cristianos nosotros sufrimos la escasez de documentos y testimonios. En este libro nos ocurre todo lo contrario: estamos desbordados por la abundante documentación. "Es imposible decir todo y no se sabe qué omitir", decía ya el gran Tillemont. Los escritos de Agustín son un jardín tan rico, tan amplio, que hemos elegido lo que nos concierne, sin extendernos a otras cuestiones. De esta manera respetamos los límites de la Colección "La vida cotidiana". Nuestra investigación partirá del medio ambiente para llegar al corazón de la comunidad cristiana. Cristianos y paganos participan de las mismas realidades geográficas, étnicas, familiares y culturales; hablan la misma lengua, habitan las mismas ciudades; se reconocen y se distinguen. ¿Cómo separar ese mundo de los cristianos quienes, además, divididos por un cisma endémico, viven juntos los momentos fuertes, las fiestas litúrgicas? Agustín, obispo de Hipona, nos confía sus alegrías y sus angustias de pastor, los gozos y las penurias de su grey, la mezcla de dos pueblos, de dos ciudades, confundidas en un mismo peregrinar hasta que el camino termine en los umbrales de la nueva Jerusalén. La vida cotidiana del África está aclarada y transfigurada por el autor de las Confesiones gracias a la potencia de su talento y al calor de su ternura. Aquél que deseaba "amar y ser amado" ha sabido escuchar el alma insatisfecha y buscar en Dios la satisfacción de toda búsqueda e inquietud. Amar totalmente, amar como él fue amado, es decir, hasta la entrega total... Por no haberse limitado en su amor a África sino por haber comprendido las ansias del hombre que se vislumbran desde los confines de la tierra, el obispo de Hipona pertenece al Universo, a la Historia.
Roma, l.XI.1978 El Autor.